Encuentros cercanos

En nuestro diario devenir vamos viendo cómo avanzan las historias, como cambian las vivencias familiares, me reúno con un primo de toda la vida, estudiamos juntos en el Humboldt de Oriente. La vida a veces nos da unas volteretas y nos marcan para siempre. Dos hijos y uno de ellos autista.
Recuerdo años atrás cuando ya tenía un diagnóstico del primero y venía una niña en camino. En el eco se veía un "totumo en la espalda" una deformación, el médico puso sobre la mesa abortar. Y mi primo buscaba respuestas. Pregunto a sus hermanos, me pregunto a mi, no dejó con quién hablar. Pero era una decisión que solo ellos podían tomar. Le dije que le preguntará a la madre, es solo ella la que tiene la conexión especial con la hija.
Decidieron no abortar, aquella protuberancia desapareció en los siguientes ecos y es una joven muy inteligente.

Pero y hay un pero, como dije al principio la vida da muchas vueltas, están disgustados, casi no se hablan. Mi primo se arrepiente de volcar mucha atención en el hijo especial y abandonar a la hija más inteligente. El supuso qué ella entendería y no fue así.
En toda familia o relaciones hay problemas, a mi me cuesta que haya comunicación entre los dos hijos que tengo aquí en Madrid con el qué está en Venezuela, yo soy el vínculo que los mantiene unidos.

Soy ese café que va mezclando las mejores etapas, que va dejando una huella en ellos aunque no se den cuenta, voy contándoles historias aunque parecen no escucharlas.


He caminado mirando la sombra que dejan los espacios que no son completados. He tratado de sanar a otros, mientras curó mis propias heridas de amor. No soy perfecta, no soy eterna, soy solo una dama que camina admirando la vida en cada pasillo que le toca andar.

Soy la reconstrucción de las partes que integran un todo, una gran ciudad, un rincón y espacio. Soy la mezcla del amor que bate el café de las mañanas, este parada dónde esté.



Soy visitas al médico para saber que el cuerpo está bien y lo celebra con patatas. Soy el ejercicio diario de la escritura constante y el acompañamiento certero que vamos bien y que siempre todo puede mejorar aquí y allá. Sólo hay que saber esperar, que las piezas caigan por su propio peso.


Somos esos patitos en Parquesur buscando alejarse de la madre para encontrar aventuras.
Es muy conmovedor cómo relatas las vueltas de la vida y el reto de mantener unida a la familia a la distancia.