[ENG-SPN] The Knight's Mirror / El Espejo del Caballero
Often, paintings are veritable mirrors, which, as that eloquent Victorian mathematician Lewis Carroll suggested, allow you to access unsuspected universes—not necessarily wondrous, like Alice's, but complex enough to prompt the opportune decision to embrace that entertaining resource, which is, after all, speculation, and attempt to transform a simple matter of curious viewing into a complex exercise of dreamy imagination.
Speculating freely, as advised by that prominent Spanish theosophist Mario Roso de Luna from Extremadura, can, at a certain moment, grant the suspicious opportunity to cast an indiscreet glance behind the veil of the ordinary and discover other worlds, not without a touch of fantastical realism. Let's take as an example this spectacular canvas entitled 'Knight in a Landscape,' painted by the mysterious Venetian artist Vincenzo Carpaccio—whose real surname was Scarpazza—in 1509, a year marked by a turbulent Europe. Venice lost a significant portion of its land territories during the War of the League of Cambrai; Henry VIII ascended the throne of England, marrying Catherine of Aragon—sister of Joanna the Mad and one of his many wives who, although she suffered his wrath, did not lose her head to the executioner's axe; Pope Julius II excommunicated Venice; and Venice suffered the terrible defeat at Agnadello. Given this, we might think that we live in a world where, as today, that agonizing uncertainty prevails, making you feel the present as the menacing claws of a terrible wolf striking your future.
We don't know who the troubled knight really was, his gaze seemingly lost to the side of the painting, oblivious to the viewer. But perhaps we can see something familiar in him, something that might lead us, even for a moment, to think it's us. That defensive posture, his hand firmly resting on the pommel of a sword already beginning to emerge from its scabbard, may reflect a defensiveness that, unconsciously or deliberately, causes a generalized lack of empathy and assertiveness. Because, like him and all the symbolism behind what we might consider his private world, the same difficulties, the same biases, and the same shortcomings underlie our own, leading us to believe that everything, even opinions that differ from our own, is an attack on our personal sanctuary.
En muchas ocasiones, los cuadros son auténticos espejos, que, como ya propusiera aquel elocuente matemático victoriano, Lewis Carroll, te permiten acceder a universos insospechados, no necesariamente maravillosos, como el de Alicia, pero sí lo suficientemente complejos como para sugerirte la oportuna decisión de acogerte a ese entretenido recurso, que es, al fin y al cabo, la especulación e intentar revertir una simple cuestión de curioso visionado, en un complejo ejercicio de ensoñadora imaginación.
Especular libremente, como aconsejaba aquel destacado teósofo español que fue el extremeño Mario Roso de Luna, puede otorgar, en un momento determinado, la suspicaz oportunidad de echar una indiscreta mirada detrás del velo de lo ordinario y descubrir otros mundos, no exentos de fantástico realismo. Tomemos como ejemplo, este espectacular lienzo que lleva por título ‘Caballero en un paisaje’ y que fue realizado por el misterioso artista veneciano Vicente Carpaccio -en realidad, el apellido era Scarpazza- en un año, 1509, marcado por una Europa convulsionada, donde Venecia perdió buena parte de sus territorios terrestres durante la llamada Guerra de la Liga de Cambrai, Enrique VIII ascendió al trono de Inglaterra, casándose con Catalina de Aragón -hermana de Juana la Loca y una de sus múltiples esposas que, aunque padeció sus iras, no terminó perdiendo la cabeza bajo el golpe mortal del hacha del verdugo- el Papa Julio II excomulgó a Venecia y ésta sufrió la terrible derrota de Agnadello. Podríamos pensar, en vista de ello, que nos encontramos en un mundo donde impera, como hoy, esa angustiosa incertidumbre que te hace sentir el presente como las amenazadoras zarpas de un terrible lobo abatiéndose sobre tu futuro.
No sabemos quién fue, en realidad, el atribulado caballero cuya mirada parece perderse por un lateral del cuadro sin prestar atención al espectador. Pero, quizás, sí que podamos ver algo familiar en él, que podría inducirnos, siquiera por un momento, a pensar que somos nosotros mismos. Esa actitud defensiva, con la mano firmemente apoyada en el pomo de una espada que ya comienza a abandonar su zona de confort en la vaina, puede ser el reflejo de esa actitud defensiva, que, de forma inconsciente o bien premeditada, nos provoca una carencia generalizada de empatía y asertividad. Porque como él y todo el simbolismo que se aprecia detrás de lo que podríamos considerar como s mundo particular, subyacen, en el fondo, las mismas dificultades, los mismos sesgos privativos y las mismas carencias, que nos inducen a pensar que todo, incluso las opiniones que no comparten nuestras ideas son un atentado contra nuestro témenos o santuario particular.
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