Un día difícil que valió la pena [ESP-ENG]



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Hay domingos que uno los imagina lentos, tranquilos, con café en casa y un poco de descanso… pero hay otros que simplemente te sorprenden.
Ayer fue uno de esos.

Amanecimos, una vez más, con el sistema eléctrico nacional caído. Todo oscuro, todo en pausa… menos los hospitales, que seguían respirando como podían, también con sus fallos. Yo venía de una mala noche, de esas en las que el calor y la falta de corriente no te dejan pegar un ojo, pero aun así decidí levantarme e ir al hospital. La misión era simple: cargar el celular y el ventilador, porque en estos tiempos eso también es una prioridad.

Lo que no esperaba era encontrarme allí con mi residente, en la misma situación que yo. Dos médicos, en domingo, sin corriente en casa, buscando un enchufe salvador. Entre risas y resignación, me invitó a un café… y no sé si fue el momento, el cansancio o la compañía, pero ese café me supo a gloria. De esos que reconfortan más el alma que el cuerpo.

Nos sentamos a conversar, a ponernos al día, a olvidarnos un rato del caos afuera… hasta que la realidad nos volvió a llamar.
En el cuerpo de guardia había llegado un niño con una urgencia que necesitaba de nosotros. Sin pensarlo dos veces, dejamos el café a un lado y nos pusimos en modo trabajo. Lo preparamos todo y lo llevamos al quirófano. Tuvimos que convencerlo, con paciencia y cariño, de que lo mejor era operarlo con anestesia local. No solo por la situación eléctrica, sino porque también era lo más adecuado para él.

Y ahí estábamos, en medio de un domingo raro, entre apagones y calor, haciendo lo que sabemos hacer.

Todo salió bien.

Al terminar, ver su carita tranquila, incluso feliz… fue suficiente. En ese instante se me olvidó el cansancio, el calor, la noche sin dormir, todo. Sentí esa mezcla de alivio, orgullo y sentido que a veces se pierde entre tantas dificultades.

English Version

There are Sundays you imagine as slow and peaceful, with coffee at home and a bit of rest… and then there are others that simply surprise you.

Yesterday was one of those.
We woke up, once again, to the national electrical system down. Everything was dark, everything on pause… except the hospitals, which kept going as best they could, even with their own issues. I had a rough night—the kind where the heat and the blackout won’t let you sleep—but I still decided to get up and go to the hospital. The mission was simple: charge my phone and my fan, because these days, that’s also a priority.

What I didn’t expect was to find my resident there, doing the exact same thing. Two doctors, on a Sunday, with no electricity at home, looking for a lifesaving outlet. Between laughs and resignation, he invited me for a coffee… and I don’t know if it was the moment, the exhaustion, or the company, but that coffee tasted amazing. The kind that warms your soul more than your body.

We sat down to talk, to catch up, to forget about the chaos outside for a little while… until reality called us back.
A child had arrived at the emergency room with a condition that required our immediate intervention. Without thinking twice, we set the coffee aside and switched into work mode. We prepared everything and took him to the operating room. We had to gently convince him that local anesthesia was the best option—not only because of the power situation, but also because it was the most appropriate for his age.

And there we were, in the middle of a strange Sunday, between blackouts and heat, doing what we know how to do.
Everything went well.

When it was over, seeing his calm, even happy face… that was enough. In that moment, I forgot the exhaustion, the heat, the sleepless night—everything. I felt that mix of relief, pride, and purpose that sometimes gets lost among so many difficulties.

Source

  • The cover was made on Canva.
  • All the photos are taken and edited by me on Snapseed.
  • English is not my native language, I apologize if you find any mistakes in the translation.
  • Translated with DeepL.com (free version)

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      Qué bonito domingo, aunque haya empezado entre sombras y apagones. Hay días que parecen conspirar para recordarnos por qué hacemos lo que hacemos.

      Ese café compartido, la complicidad de dos médicos buscando un enchufe como quien busca un tesoro, y luego el paso al quirófano… todo eso dibuja una jornada que no estaba en ningún plan, pero que seguramente quedará marcada en tu memoria como de esas que pesan y abrazan a la vez.

      Lo más hermoso es cómo describes ese instante final: la carita tranquila del niño, la paz después del esfuerzo. Ahí cabe todo el sentido de una vocación. Supiste convertir un domingo caótico en uno de esos que después cuentas con orgullo, no porque fuera fácil, sino porque a pesar de todo, salió bien.

      Gracias por compartirlo. Y gracias por ser esa clase de médico que, incluso sin corriente, tiene todo el voltaje en el corazón y las manos. Qué privilegio leer una historia así.

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      Gracias ☺️ Qué lindo lo dices… porque al final ese momentico lo es todo: ver al niño tranquilo, en paz, después de tanto.

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      Menos mal que fue posible aun cuidar a los pacientes con el "blackout"! Hay que seguir luchando, y menos mal que el cafe te ayudo!
      !BBH
      !LADY
      !PIZZA

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