Frío que abraza [ESP-ENG]

Hoy amanecimos en Cuba con una visita poco común: un frente frío que promete temperaturas bajas, de esas que nos sacan de la rutina y nos agarran medio desprevenidos. No estamos acostumbrados al frío, ni mucho menos preparados para él, pero confieso algo sin culpa: me encantó cómo comenzó el día.


La mañana llegó con lluvias suaves, cielo gris y ese aire fresco que invita a quedarse en la cama, arropada, sin hacer absolutamente nada. De esas ganas profundas de no salir al mundo por unas horas. Claro, la realidad llamó temprano y tocó cocinar desde primera hora, pero lo hice con gusto, porque sabía que después tendría el resto del día para disfrutarlo con calma. Y valió totalmente la pena.
Me preparé un café bien caliente, de esos que reconfortan las manos y el alma. Aunque, siendo honesta, lo que de verdad me pedía el cuerpo era un chocolate caliente… espeso, dulce, perfecto para este clima. Tal vez mañana. Hoy el café cumplió su misión.


Con el frío como cómplice, salí a darme un pequeño gusto que llevaba días rondándome la cabeza: pellys de ajo, mis favoritos. No sé si el clima influye, pero saben mejor cuando uno se los concede sin prisa, como un premio simple por existir y sentir.

El día transcurrió despacio, sin grandes planes, sin apuros. Solo el sonido de la lluvia, el frío colándose por las ventanas y esa sensación rara y deliciosa de pausa. A veces no hace falta más: un cambio de clima, una bebida caliente, un antojo cumplido y el permiso de disfrutar lo sencillo.
Ojalá este frente frío se quede un poco más. Yo, al menos, ya le hice un espacio en mi día… y en el ánimo.
English Version
Today, Cuba woke up to an unusual visitor: a cold front that promises very low temperatures—ones we’re neither used to nor prepared for. I’ll admit it without guilt: I loved how the day began.
The morning arrived with gentle rain, gray skies, and that cool air that makes you want to stay in bed, wrapped up, doing absolutely nothing all day. That deep desire to pause life for a few hours. Of course, reality showed up early and I had to cook first thing in the morning, but I did it gladly, knowing that afterward I’d have the rest of the day to enjoy at my own pace. And it was totally worth it.
I made myself a nice hot coffee, the kind that warms your hands and your soul. Although, to be honest, what my body really wanted was a hot chocolate… thick, sweet, perfect for this weather. Maybe tomorrow. Today, coffee did the job.
With the cold as my accomplice, I went out to satisfy a craving I’d had for several days: garlic Pellys, my favorites. I don’t know if the weather had anything to do with it, but they tasted better when enjoyed slowly, like a small reward for simply being and feeling.
The day went by quietly, without big plans or rush. Just the sound of rain, the cold sneaking in through the windows, and that rare, delicious feeling of pause. Sometimes you don’t need much: a change in the weather, a hot drink, a fulfilled craving, and permission to enjoy the simple things.
I hope this cold front stays a little longer. I’ve already made room for it in my day… and in my mood.
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