Días de todo un poco [ESP-ENG]

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Llevo dos semanas de guardia localizable, de esas que no te dejan desconectar ni un segundo. El teléfono puede sonar en cualquier momento, el cuerpo está en casa pero la mente sigue en el hospital. Y aunque ya casi llega a su fin, siento como si hubiera vivido un mes entero dentro de estos días.

Últimamente he estado bastante ausente de Hive, y me pesa decirlo. Crear contenido, algo que disfruto tanto, se ha vuelto una tarea titánica. Entre el trabajo —que ahora mismo exige más de mí—, los apagones que nos roban el descanso, y la vida cotidiana que no se detiene… a veces simplemente no queda energía.

En el hospital, el panorama tampoco es fácil. Mi compañero casi se va de viaje a México, lo que habría dejado aún más vacío el servicio. Y mi compañera… bueno, hay cosas que duelen demasiado para explicarlas. Solo diré que está muy enferma y que pronto ya no estará con nosotros. Es una de esas noticias que te dejan en silencio, que te acompañan incluso cuando intentas distraerte. Me ha dolido profundamente.

A eso se suma que de las dos compañeras en licencia por maternidad, una está próxima a incorporarse, y en estos días ha ido a visitarme al hospital. Esos ratitos compartidos en la consulta, entre pacientes, conversaciones y uno que otro café, han aliviado bastante la carga y la sensación de soledad. A veces no hace falta mucho para sentirse acompañada… solo alguien que llegue, se siente contigo y entienda.

Y en casa… intento encontrar mis propios momentos.
Esta semana también me aventuré a hacer focaccia. Para quienes no la conocen, es un pan italiano, esponjoso por dentro, ligeramente crujiente por fuera, que suele llevar aceite de oliva, hierbas y algunos ingredientes por encima. Es de esas recetas que requieren paciencia: la masa necesita alrededor de 24 horas de reposo. Pero el resultado… vale completamente la pena.

Verla salir doradita, con ese aroma increíble, fue como un pequeño logro en medio del caos. Un recordatorio de que, incluso en semanas difíciles, aún puedo crear cosas bonitas.

Y así ha sido todo… un poco de cansancio, un poco de tristeza, pero también pequeños momentos que salvan el día.

Entre espejos y selfies improvisadas antes de salir corriendo, tratando de verme un poco más arreglada de lo que realmente me siento. Entre consultas, libretas llenas de notas y risas compartidas con colegas que hacen más llevadera la jornada. Y al final del día, un plato sencillo pero hecho con cariño, como esa focaccia que resume perfectamente estos días: requiere tiempo, paciencia… pero al final reconforta.

Ya casi termina esta guardia. Y aunque sé que vienen meses difíciles, también sé que voy a poder con ellos.

English Version

I’ve been on on-call duty for two weeks now, the kind that doesn’t let you disconnect for even a second. The phone can ring at any moment—your body is at home, but your mind is still at the hospital. And even though it’s almost over, it feels like I’ve lived an entire month inside these days.

Lately, I’ve been quite absent from Hive, and it pains me to admit it. Creating content, something I enjoy so much, has become a titanic task. Between work—which is demanding more of me right now—power outages that steal our rest, and everyday life that never stops… sometimes there’s simply no energy left.

At the hospital, things aren’t easy either. My colleague almost left for a trip to Mexico, which would have made the service feel even emptier. And my other colleague… well, there are things that hurt too much to explain. I’ll just say she is very ill and soon will no longer be with us. It’s the kind of news that leaves you in silence, that stays with you even when you try to distract yourself. It has hurt me deeply.

On top of that, of the two colleagues on maternity leave, one is about to return and has been visiting me at the hospital these days. Those little moments shared in the consultation room—between patients, conversations, and the occasional coffee—have really eased the workload and the feeling of loneliness. Sometimes it doesn’t take much to feel accompanied… just someone who shows up, sits with you, and understands.

And at home… I try to find my own moments.
This week, I also ventured into making focaccia. For those who don’t know it, it’s an Italian bread, soft and airy on the inside, slightly crispy on the outside, usually topped with olive oil, herbs, and other ingredients. It’s one of those recipes that require patience: the dough needs about 24 hours to rest. But the result… is completely worth it.

Watching it come out golden, with that incredible aroma, felt like a small victory in the middle of chaos. A reminder that even in difficult weeks, I can still create beautiful things.

And that’s how it’s been… a bit of exhaustion, a bit of sadness, but also small moments that save the day.
Between mirrors and quick selfies before rushing out, trying to look a little more put together than I actually feel. Between consultations, notebooks full of notes, and shared laughter with colleagues that make the day lighter. And at the end of it all, a simple dish made with care, like that focaccia that perfectly sums up these days: it requires time and patience… but in the end, it comforts.

This on-call period is almost over. And even though I know difficult months are ahead, I also know I’ll get through them.

Source

  • The cover was made on Canva.
  • All the photos are taken and edited by me on Snapseed.
  • English is not my native language, I apologize if you find any mistakes in the translation.
  • Translated with DeepL.com (free version)

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      No es mentira. Esas semanas de guardia localizable son agotadoras física y mentalmente, porque el cuerpo descansa pero la cabeza sigue en tensión constante. Y encima llevar el peso de la situación de tu compañera, con esa mezcla de tristeza e impotencia que deja una noticia tan dura… lo difícil que debe ser seguir con el día a día en el hospital con todo eso atravesándote.

      La focaccia suena a ese pequeño acto de resistencia que a veces nos salva en medio del caos: algo que requiere tiempo, paciencia, dedicación, y que al final te devuelve una pequeña certeza de que aún puedes crear belleza aunque todo alrededor esté temblando. Qué bonito que hayas encontrado ese respiro.

      Y sí, acá en Cuba la situación es cada vez más pesada. Los apagones no dan tregua, la comida escasea, los medicamentos son un lujo y el cansancio se acumula porque hasta para hacer lo más sencillo hay que ponerle una energía extra que muchas veces ya no tenemos. La gente vive con el alma en vilo, los ánimos están crispados y sin embargo intentamos sacar fuerzas de donde no hay. Leer tu post me recuerda también que aunque los contextos sean distintos, al final todas lidiamos con el desgaste de intentar sostenerlo todo: el trabajo, los vínculos, la casa, la salud mental, los duelos que van llegando.

      Un abrazo fuerte.

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      Tú eres la belleza en su máxima expresión. El pan se ve delicioso. Lamentable lo de tu compañera y mis mejores deseos para el amigo; no tienes idea de lo mucho que deseo que pronto se acabe esta pesadilla. Cariños desde Caracas.
      !ALIVE

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      Muchísimas gracias 😊, espero pronto se acabe todo este martirio también, besos desde Cuba 😘

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