Capuchino en la Bodeguita del Medio [ESP-ENG]










Hoy, viernes, tenía esa impaciencia de salir del trabajo y regalarme un ratito para mí. Quería caminar, visitar alguna tiendecita y, por supuesto, darme ese gusto que nunca falla: un buen café.
En mi búsqueda del capuchino perfecto, pasé frente a la Bodeguita del Medio de mi ciudad y fue imposible no entrar. Hacía más de un año que no la visitaba y nunca había probado su café allí, así que era el momento ideal.
Apenas crucé la puerta sentí esa vibra que siempre transmite el lugar. Las paredes están llenas de firmas y mensajes de quienes han pasado por aquí, las vigas azules del techo contrastan con la decoración tradicional y en cada rincón hay detalles que te recuerdan que estás en Cuba: desde los cuadros y muebles de madera antigua hasta la barra que invita a quedarse un rato más.
Me alegró muchísimo ver al mismo barista del año pasado. Me encanta cómo trabaja, siempre con ese toque profesional y cercano que hace sentir que tu bebida fue hecha con cariño. Le pedí un capuchino y lo preparó de inmediato.
Cuando lo vi llegar a la barra, con su espuma perfecta y un toque de canela por encima, ya sabía que iba a estar delicioso. El aroma era una mezcla de café recién hecho y especias dulces, de esas que te hacen cerrar los ojos antes del primer sorbo. Y sí, estaba increíble: cremoso, con el balance justo entre el amarguito del café y el toque dulce de la leche.
Lo tomé poquito a poquito, dejando que el tiempo pasara sin prisa, observando cómo la gente entraba y salía, mientras de fondo sonaba esa música cubana que te hace sentir en casa.
English Version
Today, Friday, I had that impatience to leave work and give myself a little time just for me. I wanted to take a walk, visit a small shop, and, of course, indulge in that treat that never fails: a good coffee.
In my search for the perfect cappuccino, I walked past the Bodeguita del Medio in my city, and it was impossible not to go in. I hadn’t visited in over a year and had never tried their coffee there, so it was the perfect time.
As soon as I stepped through the door, I felt that vibe the place always gives off. The walls are covered with signatures and messages from those who have been there, the blue beams on the ceiling contrast with the traditional décor, and every corner has details that remind you you’re in Cuba: from the paintings and antique wooden furniture to the bar that invites you to stay a little longer.
I was so happy to see the same barista from last year. I love how he works, always with that professional yet warm touch that makes you feel your drink was made with care. I ordered a cappuccino, and he prepared it right away.
When I saw it arrive at the bar, with its perfect foam and a sprinkle of cinnamon on top, I already knew it was going to be delicious. The aroma was a mix of freshly brewed coffee and sweet spices, the kind that makes you close your eyes before the first sip. And yes, it was amazing: creamy, with the perfect balance between the slight bitterness of the coffee and the gentle sweetness of the milk.
I sipped it slowly, letting time pass without hurry, watching people come and go, while Cuban music played softly in the background, making me feel right at home.
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