Bar La Begonia [ESP-ENG]






Hoy me tocó caminar por el centro de Holguín, de esos recorridos que uno hace casi sin ganas, más por necesidad que por gusto. Pero ya sabemos que el centro siempre tiene su manera de sorprenderte, de hacerte mirar dos veces, de despertarte recuerdos que creías dormidos.
Y ahí estaba… La Begonia.
Sigue en reparación.
No es la primera vez que la veo así en los últimos tiempos, con ese aire de pausa obligada, como si el tiempo se hubiera detenido entre sus paredes. Y sin embargo, verla de nuevo me removió algo por dentro.
La Begonia no es solo un bar. Es parte de la historia viva de la ciudad. Fundada hace varias décadas —en una etapa en la que el centro de Holguín comenzaba a consolidarse como punto social y cultural—, llegó a convertirse en uno de esos sitios emblemáticos donde siempre había movimiento. No era un lugar cualquiera: era referencia. Punto de encuentro. Lugar de paso obligado para quien quería “sentir” la ciudad.
Con el paso de los años, fue adaptándose a los cambios del país, a las distintas etapas económicas, a los nuevos estilos de vida… pero nunca perdió del todo su esencia. Siempre estuvo ahí, resistiendo, como tantos otros espacios que forman parte de nuestra memoria colectiva.
Yo todavía puedo verme sentada allí con mis amigas, hablando de todo y de nada, riéndonos sin medida, sintiéndonos grandes… aunque todavía nos faltaba tanto por vivir.
Era uno de esos lugares donde siempre pasaba algo. Donde coincidías con gente conocida, donde una salida improvisada se convertía en una noche memorable.
Pero no todo era perfecto, claro.
También tengo recuerdos que no son tan lindos. La Begonia siempre estaba llena de extranjeros mayores, y más de una vez te sentías incómoda con miradas o comentarios fuera de lugar. Esa sensación desagradable de que podían confundirte con algo que no eras. Y eso, siendo sincera, me molestaba mucho. Era como si un espacio que debía ser tuyo, de tu ciudad, de tu gente, se volviera extraño por momentos.
Aun así, el peso de los buenos recuerdos sigue siendo mayor.
Ahora, verla en reparación me hace pensar que tal vez viene una nueva etapa. Por lo que se percibe, no es un simple retoque: parece una restauración más profunda, de esas que buscan rescatar estructuras, renovar espacios y, con suerte, devolverle el protagonismo que tuvo.
Y ojalá sea así.
Ojalá logren mantener su alma, su historia, ese aire de lugar vivido… pero al mismo tiempo hacerlo más cómodo, más cuidado, más respetuoso con quienes lo visitan.
Porque La Begonia lo merece.
Holguín lo merece.
Y nosotros también.
English Version
Today I had to walk through downtown Holguín, one of those walks you take almost without wanting to, more out of necessity than pleasure. But we already know that the city center always has its way of surprising you, of making you look twice, of waking up memories you thought were asleep.
And there it was… La Begonia.
Still under repair.
It’s not the first time I’ve seen it like this lately, with that feeling of a forced pause, as if time had stopped within its walls. And yet, seeing it again stirred something inside me.
La Begonia is not just a bar. It’s part of the living history of the city. Founded decades ago—at a time when downtown Holguín was beginning to establish itself as a social and cultural hub—it became one of those emblematic places where there was always something going on. It wasn’t just any place: it was a reference point. A meeting spot. A must-visit for anyone who wanted to truly “feel” the city.
Over the years, it adapted to the country’s changes, to different economic stages, to new ways of life… but it never completely lost its essence. It was always there, holding on, like so many other spaces that are part of our collective memory.
I can still picture myself sitting there with my friends, talking about everything and nothing, laughing endlessly, feeling grown-up… even though we still had so much life ahead of us.
It was one of those places where something was always happening. Where you’d run into familiar faces, where an unplanned outing could turn into a memorable night.
But not everything was perfect, of course.
I also have some not-so-nice memories. La Begonia was always full of older foreign men, and more than once you could feel uncomfortable because of certain looks or inappropriate comments. That unpleasant feeling of being mistaken for something you were not. And honestly, that bothered me a lot. It was as if a space that should have been yours—your city’s, your people’s—became unfamiliar at times.
Even so, the weight of the good memories is stronger.
Now, seeing it under repair makes me think that maybe a new chapter is coming. From what you can tell, it’s not just a simple touch-up; it seems like a deeper restoration, the kind that aims to rescue structures, renew spaces, and hopefully give it back the prominence it once had.
And I really hope that’s the case.
I hope they manage to preserve its soul, its history, that lived-in feeling… while at the same time making it more comfortable, better cared for, and more respectful toward those who visit.
Because La Begonia deserves it.
Holguín deserves it.
And so do we.
Source

For the best experience view this post on Liketu
Sólo he ido a Holguín una vez. Saludos bello post
Holguín era muy linda y limpia, pero ya no, es un basurero arriba de otro lamentablemente, pero si, quedan lugares hermosos, gracias, 🤗 saludos